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Alerta económica: Petróleo y oro a US$5.000 por tensiones Irán-EE.UU.

Se disparan los precios del petróleo y el oro alcanza los US$ 5.000 ante el aumento de tensiones entre Irán y EE.UU.

Los mercados energéticos y financieros nuevamente evidenciaron la volatilidad derivada de la tensión geopolítica. El petróleo subió a sus niveles más altos en meses y el oro retomó su papel de activo seguro, dentro de un escenario condicionado por diálogos inestables y despliegues militares en Medio Oriente.

El precio del petróleo experimentó un marcado ascenso durante la semana, motivado por el aumento de las tensiones entre Estados Unidos e Irán. Los inversores, pendientes de cualquier indicio de mayor conflicto en Medio Oriente, respondieron ante el riesgo de posibles interrupciones en el suministro global de crudo, lo que impulsó a los principales referentes energéticos hasta valores que no se observaban desde hacía casi siete meses. Al mismo tiempo, el oro volvió a atraer capital como refugio ante escenarios de incertidumbre.

El barril de Brent, referencia internacional, avanzó cerca de 1,9% hasta ubicarse en torno a los 71 dólares, mientras que el crudo West Texas Intermediate (WTI) en Estados Unidos subió alrededor de 1,9%, superando los 66 dólares por barril. Estas alzas se suman a un salto superior al 4% registrado el día anterior, el mayor incremento diario desde octubre. La combinación de compras especulativas y cobertura ante eventuales riesgos geopolíticos explica buena parte del movimiento.

En el mercado de metales preciosos, el oro experimentó una suba cercana al 2% y volvió a situarse por encima de los 5.000 dólares por onza troy. Tradicionalmente considerado un refugio en tiempos de volatilidad, el metal había mostrado comportamientos erráticos en semanas previas, con oscilaciones comparables a las de activos de alto riesgo. Sin embargo, el renovado nerviosismo geopolítico impulsó una demanda más consistente.

Negociaciones tensas y señales contradictorias

En los últimos días, representantes de Washington y Teherán mantuvieron conversaciones indirectas en Ginebra con el objetivo de abordar el programa nuclear iraní. Aunque ambas partes confirmaron el encuentro, las declaraciones posteriores dejaron en evidencia diferencias significativas. El vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, señaló que los negociadores iraníes no habrían aceptado ciertas “líneas rojas” planteadas por el presidente Donald Trump. Desde el lado iraní, en cambio, se habló de principios generales compartidos, sin detallar compromisos concretos.

Estas conversaciones se desarrollan al mismo tiempo que se intensifica el despliegue militar estadounidense en zonas estratégicas próximas al Golfo Pérsico. El movimiento de unidades navales y aéreas se ha visto tanto como una señal de disuasión como un elemento que incrementa la sensación de riesgo en los mercados. Para quienes invierten en el sector energético, basta con que la posibilidad de un conflicto crezca para modificar posiciones y reajustar sus previsiones.

La relación entre la geopolítica y el petróleo rara vez sigue un rumbo directo; los mercados suelen asimilar periodos de tensión sin que los precios sufran cambios permanentes. Sin embargo, cuando surge la posibilidad de que un conflicto incida de manera inmediata en el suministro mundial, la respuesta acostumbrada es más marcada. En esta ocasión, la inquietud gira en torno a la cercanía de Irán con uno de los corredores energéticos más delicados del mundo.

El estrecho de Ormuz como epicentro del riesgo

El estrecho de Ormuz es una franja marítima estratégica que conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el mar Arábigo. Por esta vía transita aproximadamente una quinta parte del consumo mundial de petróleo, lo que lo convierte en un punto crítico para la estabilidad del mercado energético. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, alrededor de 20 millones de barriles diarios cruzan ese paso.

La importancia de este corredor explica que cada vez que surge un episodio de tensión entre Washington y Teherán reaparezcan los temores de un eventual cierre o alteración de su funcionamiento; en los últimos días, medios iraníes señalaron que el país llevó a cabo maniobras navales que implicaron bloqueos parciales momentáneos del estrecho, y aunque dichas operaciones se presentaron como ejercicios previamente planificados, el trasfondo estratégico resultó innegable.

Los especialistas del sector energético afirman que los mercados están absorbiendo una prima de riesgo adicional, y que aun sin un bloqueo real, la sola amenaza es capaz de provocar oscilaciones. Ole Hansen, estratega de materias primas en Saxo Bank, ha indicado que cuando la vía petrolera más crucial del planeta queda bajo la sombra de un conflicto, los precios responden de manera inmediata.

La comparación con otros escenarios ayuda a dimensionar el impacto potencial. Por ejemplo, situaciones políticas en países productores de menor peso relativo no suelen provocar movimientos globales significativos. Sin embargo, en el caso de Irán, su condición de gran productor y su ubicación geográfica amplifican cualquier señal de inestabilidad.

Impacto en inflación y política monetaria

Un incremento prolongado en el precio del petróleo no repercute únicamente en las compañías energéticas ni en los países exportadores, ya que el alza del crudo suele reflejarse en el valor de los combustibles y, con ello, en los gastos de transporte y en los procesos productivos, provocando presiones inflacionarias. Este fenómeno puede influir en las decisiones que toman los bancos centrales sobre las tasas de interés.

Analistas de Capital Economics señalaron que un posible ataque contra instalaciones iraníes podría desencadenar un alza repentina en los precios del petróleo, lo que complicaría los intentos de controlar la inflación en múltiples economías, y en tal contexto, los recortes de tasas contemplados por ciertas autoridades monetarias podrían aplazarse o ajustarse a la baja.

La inquietud por la inflación también acarrea efectos políticos. En Estados Unidos, contener los precios al consumidor se mantiene como una prioridad para la Casa Blanca. Un repunte energético que incremente el costo de vida podría influir en el panorama económico y en cómo la ciudadanía evalúa la administración gubernamental. Por esa razón, asegurar la continuidad del flujo de crudo por el estrecho de Ormuz se considera un propósito estratégico.

Respuesta de los mercados financieros

El incremento de la aversión al riesgo no se restringió al petróleo ni al oro, y las principales bolsas estadounidenses concluyeron la sesión con descensos moderados; el Dow Jones cedió más de 260 puntos, mientras el S&P 500 y el Nasdaq Composite igualmente mostraron retrocesos, en un contexto donde los inversores reajustaron sus carteras ante la perspectiva de un escenario más volátil.

En contextos de incertidumbre geopolítica, es habitual observar rotaciones sectoriales. Las acciones vinculadas a energía pueden beneficiarse de precios más altos del crudo, mientras que sectores sensibles al consumo o a tasas de interés tienden a experimentar presión. Al mismo tiempo, activos considerados defensivos, como el oro o ciertos bonos soberanos, reciben flujos adicionales.

El reciente desempeño del oro se ha vuelto especialmente llamativo; en las últimas semanas su evolución mostraba un comportamiento errático, con oscilaciones intensas propias de activos especulativos, pero la escalada en Medio Oriente reavivó su rol clásico como valor refugio y fortaleció su avance por encima del umbral psicológico de los 5.000 dólares por onza.

Precedentes recientes y lecciones del pasado

No es la primera vez que un repunte de tensiones entre Israel, Irán y Estados Unidos impacta en el mercado energético. Durante episodios anteriores, los precios del petróleo se dispararon ante el temor de una escalada mayor. Sin embargo, cuando el conflicto no se tradujo en interrupciones efectivas del suministro, las cotizaciones tendieron a moderarse.

En junio pasado, luego de una serie de ataques contra instalaciones nucleares iraníes, el precio del crudo experimentó alzas pronunciadas que después se moderaron conforme se reducía la posibilidad de que el estrecho de Ormuz fuera cerrado, un antecedente que ayuda a entender por qué ciertos operadores actúan con cautela y prefieren no anticipar escenarios extremos sin pruebas claras de una disrupción.

La clave radica en la diferencia entre riesgo percibido y riesgo materializado. Mientras la posibilidad de conflicto permanezca en el terreno de la especulación o de incidentes limitados, el impacto podría ser transitorio. No obstante, cualquier señal de interrupción física en el flujo de petróleo tendría consecuencias inmediatas y potencialmente duraderas.

El papel de Irán en el mercado global

Irán no solo es relevante por su ubicación geográfica, sino también por su capacidad productiva. Aunque enfrenta sanciones internacionales, continúa siendo un actor significativo en el mercado energético, con exportaciones dirigidas en gran medida hacia Asia, especialmente China. Una alteración en sus envíos afectaría tanto a compradores directos como al equilibrio general entre oferta y demanda.

La dependencia que mantienen numerosos países del crudo que transita por el estrecho de Ormuz intensifica el efecto dominó ante cualquier alteración, y hasta una interrupción limitada podría provocar cambios en las rutas comerciales, un alza en los costos de transporte y mayor presión sobre los inventarios mundiales.

Daniela Hathorn, analista de Capital.com, ha subrayado que en el ámbito energético las probabilidades pesan tanto como los hechos. Cuando una posible alteración afecta a un productor clave y a una ruta esencial, los precios empiezan a incorporar un panorama de mayor riesgo incluso antes de materializarse un acontecimiento específico.

Diplomacia o escalada: escenarios posibles

A pesar del clima tenso, la vía diplomática no está completamente cerrada. Las negociaciones en Ginebra muestran que ambas partes mantienen canales de comunicación abiertos. La prioridad declarada por Washington es alcanzar un acuerdo que limite el programa nuclear iraní y reduzca riesgos regionales. Teherán, por su parte, insiste en su derecho a desarrollar tecnología con fines pacíficos y en la necesidad de alivio de sanciones.

Expertos en inversiones como Dennis Follmer, de Montis Financial, consideran que proteger el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz debería ser un objetivo compartido. Desde esta perspectiva, la solución diplomática resulta preferible, no solo por razones de seguridad sino también por estabilidad económica global.

Sin embargo, la coexistencia de negociaciones y despliegues militares genera un equilibrio frágil. Cada movimiento en el terreno puede ser interpretado como señal de firmeza o como provocación. En este contexto, los mercados seguirán reaccionando a titulares, declaraciones y ejercicios militares con elevada sensibilidad.

La evolución de los precios del petróleo y del oro en las próximas semanas estará condicionada por cómo avance esta tensión; si la diplomacia logra imponerse y las amenazas sobre el suministro disminuyen, las cotizaciones podrían mantenerse más estables, mientras que un incremento en la posibilidad de un choque que afecte de forma directa al estrecho de Ormuz tendría un efecto que iría más allá del ámbito energético, influyendo también en la inflación, la política monetaria y el crecimiento económico mundial.

Por ahora, el reciente avance del crudo y el renovado interés por el oro transmiten esencialmente la misma señal: los mercados están asumiendo un incremento de la incertidumbre geopolítica. En un entorno cada vez más interconectado, donde el suministro energético impulsa la actividad económica, cualquier foco de tensión en un área estratégica puede repercutir con intensidad en las bolsas, las divisas y las decisiones de inversión a escala global.

By Otilia Adame Luevano

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